sábado, marzo 22, 2003

Tan obcecado estaba en Irak que no he prestado atención al patio interno. Me conformaba con pensar que los españoles van a castigar al PP y vuelta a Bagdad y a la captura de la noticia. Pero Un párrafo de Tussell en El Pais de hoy me ha abierto los ojos:

En España es preciso reconstruir un consenso desbaratado en tantos terrenos, incluso el generacional. Aznar lo ha reivindicado después de haberlo destruido. Lo que llama la atención es que algunos hayan dirigido sus miradas al Rey; en el caso de Llamazares ha habido incluso un emplazamiento. Pero esto no tiene sentido porque la Monarquía carece de poderes en política exterior. Aun así, invocarla revela un estado de ánimo colectivo preocupante porque se percibe, tras ello, un ansia de acuerdo en una sociedad a la que se ha impuesto una espiral de confrontación absurda e insensata.

No son las dos Españas, ni lo veo a corto plazo. No está el patio para que resuciten. Pero si bien era previsible que la ciudadanía reaccionara ante la impostura y lo injustificable, lo que no pude preveer fue la reacción del gobierno, atacando y hasta amagando implícitamente con la traición a España... y, lo que más me preocupa, con la derecha sociológica a la que la guerra se le ha indigestado y ampliando el foso.

Como dice el ministro del interior, la respuesta policial fue proporcional a las provocaciones de los violentos. Bonitos y terroríficos juegos del lenguaje: la distancia entre los pacifistas y los etarras disminuye cada vez más para el gobierno y quizás la derecha sociológica. Como ese "no creo en el pacifismo" de Aznar

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