viernes, marzo 28, 2003

En Tacitus he podido leer por primera vez un nuevo desarrollo que o bien es fuego de artificio, o da verdadero miedo. Era imposible que nadie dejara de hacerse eco de esta noticia, y creo que la BBC es de los que lo recogen de forma menos agresiva (teniendo en cuenta que es una empresa pública de una nación beligerante). Tacitus, sin embargo, va más allá, y advierte de las consecuencias de que la locura fundamentalista gringa no tenga freno:

What Rumsfeld plans to do about it is unclear. [...] Still, it is a desert plain, and neither mountains a la Afghanistan, nor jungle a la Vietnam. If our plan is to deal with Syrian intervention via simple interdiction, then geography favors us as much as it can. [...]That, to me, suggests that if Syria persists in equipping Iraqi forces (not to mention calling for suicide volunteers on Iraq's behalf), the US leadership is going to want to come down hard.

Once it does -- what then?

One can spin all sorts of nightmare scenarios about the current war spiraling into a true regional campaign. Conquering Syria means conquering Lebanon; Israel will not stay out, etc., etc. All pure speculation. But keep it on your plate, because this may not be the last you hear on this one. With the Fourth and First infantry divisions purportedly arriving in the theater soon, our options are opening up.

And let's not even mention the possibility that Iran may unleash the Badr Corps. One third-party crisis at a time, please.


Mientras, los musulmanes hierven cada vez más. No es sólo que los voluntarios partan de Siria o Jordania para defender Irak (de iraníes no hay constancia de momento). No, el problema es que cada vez más se oye una palabra espantosa: cruzada. Y se plantea la respuesta natural a ella: Yihad. La imagen de las carnicerías cruzadas renace con fuerza de la memoria histórica de la nación árabe, y con toda la razón, porque no hay diferencias sustanciales entre 2003 y 1095. Citando a El País de hoy,

Los cientos de miles de personas que se manifestaron ayer en el mundo árabe y musulmán lo hicieron con el espíritu de la yihad, la guerra santa defensiva contra la cruzada angloamericana, a la que habían llamado muchos de los oradores de las plegarias del viernes. "El Irak musulmán está siendo destrozado por una guerra salvaje", dijo el imam Salen Bin Hamid en un sermón televisado desde la mezquita de La Meca, la más sagrada del islam. En Kuwait, el predicador shií Haj Saleh Jawhar denunció los "sufrimientos del pueblo iraquí en una guerra ilegal y pecaminosa". En la mezquita cairota de Al Azhar, el moderado Tantawi proclamó que los musulmanes tienen "el deber" de "resistir la injusta agresión contra Irak". Y en Beirut, el jeque Mohamed Husein Fadlalah, líder de los shiíes libaneses, tradicionales enemigos del régimen de Sadam Husein, condenó las "matanzas norteamericanas en Bagdad, Basora, Nasiriya y Nayaf".

Antes de empezar la guerra estaba aterrado por las consecuencias entre los otros pueblos árabes. Creía firmemente que era cuestión de tiempo, si empezaba, antes de que se produjeran revueltas que derribaran a Abdallah o a Mubarak... o quién sabe a quién más. Después, todo parecía bajo relativo control. Ahora los fundamentalistas gringos dicen propagandísticamente que una guerra larga puede ser beneficiosa... sin darse cuenta de que cada día que pasa sube la presión en la calle árabe.

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