Me pregunto cómo será mi reacción a partir del 15 de marzo. Tanto si la guerra empieza como si no, el mundo no será el mismo. De momento, es irreal. Cada vez me causa más reparo hablar de la guerra. Muchos se han olvidado del tema y vuelven a hablar de la tele, de sus series, de crónicas marcianas... hay 250000 soldados americanos y uno o dos millones de AK en Iraq y es vital hablar de Menuda familia.
No le tomo demasiado el pulso directamente a la realidad, encerrado como estoy en mi despacho. Pero sólo percibo miedo en Marisa y en mi. Llevo años diciendo que llevamos demasiado tiempo de paz, que es cuestión de tiempo hasta que volvamos a las andadas. Era un ejercicio intelectual barato, un llevar la contraria, pero no lo - no sentía, creía en serio..
Y ¿qué siento ahora? Me gustaría tener un poco de "visión en profundidad", de sentir las cosas en vez de analizarlas. Pero no tengo esa posibilidad, y en parte lo que siento es un sentimiento que debo sentirlo, que tengo esa obligación. No sé si lo siento realmente, si siento ese miedo que debo sentir. En parte es como si no me incumbiera, a pesar de que sé de que nos incumbe a todos.
No sé si debo saber si esto va a ser una reacción en cadena que nos arrastre a todos. No sé si hay algo de deseo en ese deber de conocimiento, pero esto no es un juego de lenguaje barato. Es tal cual. Está por medio el deseo de control, de saber aunque lo conocido sea malo, y el orgullo de tener razón aunque no haya forma de saber si el razonamiento es correcto al serlo el resultado. Pero... tengo la impresión (o debo tener la impresión?) de que ni va a haber limpieza, ni brevedad. Que no va a parar ahí. Que la sociedad de niños y juguetes dejará de serlo y, en su lugar, vendrá una sociedad de hombres y mujeres, porque no tendrán tanto que malgastar y sí que volver a luchar o a sufrir. Y ahí voy yo, niño sin juguetes pero sin haber sufrido lo suficiente


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